Trabajo Post Crisis. ¿Qué hacemos?

Profesor Carlos E. Baquedano Venegas
Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas UdeC.

Artículo publicado en El Sur el 8 de mayo de 2020.
Algunas semanas, previas a la crisis provocada por el coronavirus, los dirigentes, las familias, los trabajadores, los mercados, ya tenían cierta incertidumbre respecto del futuro laboral de muchos chilenos, principalmente dada por eventos al interior del país. Una vez que la pandemia se hizo real, la incertidumbre se vuelve mayúscula debido a la presencia de un tsunami sanitario que demandaría modificaciones dramáticas al mundo laboral tanto en sus previsiones como adaptaciones y particularmente frente a la cuestión: “¿el coronavirus cambiará nuestra forma de trabajar, en el largo plazo?”.
Después de varias semanas de confinamiento, las costumbres laborales de muchos trabajadores se han visto claramente modificadas y frente a esta realidad, la mayoría piensa que es bueno sacar algunas enseñanzas al respecto y en un extremo, no tan lejano, la de reinventar el trabajo.
Para una reinvención del trabajo, obviamente se requiere de cambios, tanto en las prácticas laborales como en su normativa. Un primer acercamiento viene dado por el estudio y comprensión de la organización del trabajo durante la crisis y las formas en que podría acelerarse el regreso al trabajo presencial asegurando la salud y la seguridad de las personas como un compromiso irrenunciable. Las organizaciones de nuestro país ¿estarán capacitadas para poner en marcha cambios en forma eficaz y rápida?. Una solución que podría estudiarse, en la medida en que sea posible, es la amplificación de la práctica del teletrabajo como algo perdurable.

La búsqueda de un perfecto equilibrio entre lo presencial y lo “a distancia”. Se piensa que pudiera haber ciertos riesgos psicosociales en la calidad de vida en el trabajo a causa del trabajo a distancia unido al aislamiento prolongado. Habría que considerar entonces que el teletrabajo no es un riesgo en sí mismo, sino que en las condiciones en que es ejercido. Esto podría provocar un desmedro en la motivación si se prolonga demasiado en el tiempo.
También habría que reflexionar respecto de los actuales derechos de los trabajadores y de eventuales mejoras en su protección social. Por efectos de esta crisis en particular, surgen nuevas necesidades de protección en aquellas personas que, dado su status actual, no pueden acceder. Así, personas con trabajos independientes, parciales o similares y cesantes temporales que no tienen acceso a beneficios asociados a la cesantía o la quiebra y que la crisis pone de manifiesto esta desigualdad con respecto a los trabajos más regulados. En efecto, surge el desafío por construir, elementos de protección social independientes del tipo de status del trabajador.

Otra área de interés apuntaría a tomar conciencia de ciertos oficios y trabajos como cajeros, vigilantes, guardias, vendedores y otros de primera o segunda fila, que sufren de una débil valoración tanto salarial como simbólica. Reflexionar acerca de su desarrollo en el largo plazo definiendo las modalidades de un mayor reconocimiento social de sus aportes.

Por último, formular los lineamientos y acciones a realizar en una verdadera economía de reconstrucción post crisis y cuáles serían las medidas a asumir para facilitar una adecuada movilidad en el mercado del trabajo en tanto y en cuanto ciertos sectores no se verán afectados en demasía, otros estarán enfrentando depresiones más o menos largas y otros que posiblemente desaparecerán si no se reinventan o no encuentran las redes de apoyo adecuadas.